¿Hay interés político?
Posted by corrideat on 09 Dec 2007 at 09:29 pm | Tagged as: política
Este es un ensayo que intenté escribir para responder a este interrogante.
Fue escrito con anterioridad a las Elecciones Presidenciales de este año, de forma que su comienzo hace referencia a esta fecha.
Como siempre, espero que sea agradable su lectura, y estoy abierto a críticas, reflexiones y sugerencias.
Este texto queda disponible tal como se licencia el contenido de msl37, bajo las licencias CDL 1.0 y GPL 2.0.
Sin más prefacio, transcribo el texto.
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Ante la inminente llegada de las elecciones, una incertidumbre que
surge en distintos estratos de la sociedad es cuál es el grado de
interés político por parte de la población. Se entiende por interés
político a la inclinación hacia participar en la política o en los
asuntos relacionados con ésta. Un ejemplo que se ajusta con esta
temporada de elecciones podría ser, detenerse a pensar a qué candidato
se prefiere y cuáles son los motivos por los cuales se lo prefiere.
Hallar similitudes y diferencias entre las distintas ofertas y
discriminar los puntos a favor y en contra también son parte de este
proceso.
Existe una gran cantidad de visiones respecto a este tema: los más
liberales argumentan que el pueblo está listo para tomar decisiones.
Los partidarios de otras formas de gobierno como la monarquía o
aquellos críticos de política muchas veces afirman que el pueblo no
cuenta con las herramientas necesarias para gobernarse por sí mismo. Se
entiende por pueblo al conjunto de la ciudadanía.
Sin embargo, en la mayoría de los casos estas posturas, al igual que
los argumentos que las sustentan, surgen de las diferentes ideologías
políticas y más precisamente, de los distintos modelos de gobierno. No
obstante, este debate excedería las posibilidades de este texto.
Distintas personas a quienes consulté dos días antes de las elecciones,
afirmaron tener pensado a quién votar además de que dijeron pensar,
reflexionar o meditar sobre política.
¿Entonces encontramos una contradicción entre los hechos y todas estas
posturas de oposición? Puede que haya estado sesgada la muestra o que
quizás que estemos en presencia de un sistema que haga creer a su
población que participa cuando realmente no lo hace. Otra posiblidad es
que estos resultados sean fiables, aunque otros elementos parecieran
mostrar lo contrario y que sean estos elementos los que se han
malinterpretado.
Son muchos los políticos, por muchos considerados impoprtantes y
respetables, que han criticado a la democracia, aunque en ciertos casos
se han demostrado claramente a favor. Por ejemplo, el ex primer
ministro inglés, Winston Churchill, quien la definió como “la necesidad
de doblegarse, de vez en cuando, a las opiniones de los demás.”
Asimismo, fue él quien alguna vez dijo “el mejor argumento en contra de
la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante
medio.”, pero también fue él quien concluyó que “la democracia es el
menos malo de los sistemas políticos.”
Alexander Hamilton ha dicho “Si nos inclinamos demasiado hacia la democracia, pronto caeremos en la monarquía.”
Todas estas críticas se refieren a las democracias indirectas o
representativas. Para hacer un análisis más profundo debemos partir del
pueblo, de donde surge el poder político.
El Gobierno por naturaleza va a intentar ejercer control sobre la
población. Históricamente esa autoridad que tuvo poder sobre la
población que representa no fue elegido por el consenso, sino que en
general fueron impuestos coercitivamente, o por mecanismos de herencia.
De ahí se deduce que el poder político era propiedad de una elite y la
única forma de acceder a él era, o bien por la fuerza o bien cuando
esta elite lo permitía.
Esta Elite fue transformándose, pero estuvo presente en todos los
tiempos. En la Edad Media fueron los nobles y los señores feudales, en
la Edad Moderna fueron los burgueses (y nobles en algunos casos), en la
Edad Contemporánea se dice que son los que acumulan un mayor capital.
En Roma fueron los patricios.
Va a ser la Elite quien más se beneficie del poder político, porque
corre con una ventaja sobre las demás personas y en muchos casos lo
influenciará en su propio beneficio.
Paralelamente, la población, más allá de algunas revoluciones y
rebeliones en masa, tiende a aceptar al Gobierno, según expertos, ya
que posiblemente crea que es la mejor forma de organizar al Estado.
Esto se explica porque la población busca beneficiarse y busca su
bienestar. De esta manera, no querrá perjudicar al Gobierno puesto que
siente que podría ser perjudicial para el Estado.
Debido a algunas rebeliones, principalmente en las zonas colonizadas de
América, aunque también en Europa, y sustendadas en una nueva
ideología, se dio comienzo a un proceso de democratización, o una
masificación del poder y la política. En adelante, las muchedumbres
participarían de las cuestiones de gobierno. Este proceso se inició con
la Independencia de los Estados Unidos.
Según algunos expertos, que las masas participen de estas cuestiones de
gobierno es inaceptable. De hecho, una de las críticas más fuertes a
esta democracia es la ignorancia de la población.
Aristóteles definió como oclocracia a una de las formas de degeneración
de las formas puras de gobierno, concretamente, la democracia.
Etimológicamente, la democracia es el gobierno del pueblo que con la
voluntad general legitima al poder estatal, y la oclocracia es el
gobierno de la muchedumbre o de la plebe , es decir, de un pueblo que a
la hora de abordar asuntos públicos o políticos presenta una voluntad
viciada, confusa, injuiciosa o irracional.
De alguna forma se presume que esta muchedumbre es influnciable o
irracional. Las grandes masas posiblemente, desde este punto de vista,
no estén preparadas para poder ejercer un gobierno sobre sí mismas.
Tal es así que ilustres pensadores como Aristóteles, Pericles, Giovanni
Sartori, Juvenal, Shakespeare, Lope de Vega, Ortega y Gasset o
Tocqueville han advertido de un permanente peligro para la democracia
popular: el interés los oclócratas que ostentan el poder de hacerla
degenerar en oclocracia con el objetivo de mantener dicho poder de
forma corrupta buscando una ilusoria legitimidad en el sector más
ignorante de la sociedad, hacia el cual vuelcan todos sus esfuerzos
propagandísticos y manipuladores.
El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no
participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la
vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido,
del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El
analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho
diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política
nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos
que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas
nacionales y multinacionales.1 Se puede concluir que es el analfabeto
político quien realmente muestra desinterés y falta de compromiso. Es
él quien hace degenerar al sistema en una oclocracia.
Que la población en general tenga un interés y un compromiso político
asumidos depende directamente de la proporción de analfabetos políticos
en la sociedad.
Según una nota(2) los jóvenes en Argentina no están interesados por ir a
votar, o no saben a quién votar. Según el artículo, sólo el 4,4% sabe
qué elige y cuándo. Mucho de este desinterés se atribuye a la poca
confiabilidad de lo políticos.
Si monarquía es el martillo que aplasta al pueblo, la democracia es el
hacha que lo divide; ambas matan igualmente la libertad. El sufragio
universal es una especie de atomismo por el cual, no pudiendo el
legislador hacer hablar al pueblo en la unidad de su creencia, invita a
los ciudadanos a expresar su opinión por cabezas… Esto es ateísmo
político en la significación peor del término, como si de la suma de
una cantidad cualquiera de sufragios pudiera resultar jamás un
pensamiento general… El medio más seguro de hacer mentir al pueblo es
el sufragio universal… el sufragio universal, testimonio de la
discordia, sólo puede producir discordia.(3)
Es probablemente el sistema lo que se está ciriticando, o se dice
criticar. Puede que este sea el pretexto para sostenar el desinterés y
la falta de compromiso y participación. Son las masas las que deben
darse cuenta de que ellas son quienes tienen el poder y que ellas
tienen la responsabilidad de mejorar el sistema.
Al usar estos argumentos para justificar el desinterés y la
participación se denota entonces que las masas verdaderamente no están
preparadas para tener el poder porque ellas son quienes pueden cambiar
aquello con lo que no están de acuerdo, y al argumentar el sistema es
bueno, en vez de desencadenar en desinterés debería desencadenar en los
cambios correspondientes.
Mientras las masas no perciban este detalle, o mientras no se denote en
la política este cambio, seguirá no habiendo un grán interés político.
Es innegable que en esta temporada de elecciones los militantes de
diversos partidos políticos se manifiestan activos, e intentan
convencer a las masas. El inconveniente, desde el punto de vista de la
participación es que esta actividad no surge de las masas. Surge desde
los partidos políticos hacia las masas- Halagar los vicios del pueblo
es aún más cobarde y más sucio que halagar los vicios de los grandes.(4)
Los partidos políticos originalmente representaban a un sector de la
población y defendían ciertos intereses. Los hubo de dos tipos:
partidos de notables, que defendían intereses de una minoría, y estaban
integrados por notables, es decir personas con cierta relevancia;
partidos de masas, que representaban los interses de un importante
sector social. Se puede decir que entonces había una mayor
participación porque cada sector se organizaba en su partido político.
Hoy en cambio, este sistema ha desencadenado los partidos llamados
“atrapatodo”, es decir que en vez de responder a los intereses de un
sector en particular, apuntan a la mayoría, al sector más numeroso, a
la población en general con el fin de llegar al poder político.
En consecuencia, la representatividad no es tal como fue tiempo atrás
sino que algunos sectores no se hayan adecuadamente representados. Este
funcionamiento inapropiado del sistema de partidos, se debe a la
competencia mutua por el poder político.
Debido a la predominación de los partidos “atrapatodo”, la mayoría de
los partidos políticos -o los más importantes- tiene metas y propuestas
muy similares, y su vez muy generales que responden a lo que la
sociedad demanda con más frencuencia.
En este proceso de transición a los partidos “atrapatodo” las masas que
antes eran activas han en su mayoría pasado a formar una posición
activa, en donde únicamente escuchan las propuestas ajenas. Esto es lo
que se llama la “crisis de representatividad”.
La única solución si quiere inducirse a las masas a participar y se
cree que están capacitadas para hacerlo, parece ser la democracia
directa (política, económica y social), donde el interés y el
compromiso serían una necesidad, porque de no haberlos, la sociedad no
podría mantenerse y se derrumbaría.
De alguna forma, mientras unos pueden ser analfabetos políticos, otros
pueden seguir interesándose y participando. Al fin y al cabo, siempre
fue una minoría quien participó de los asuntos de gobierno, y quizás la
situación pueda mantenerse aunque dándole la posibilidad de participar
a quien quiera hacerlo. Después de todo, uno de los preceptos de la
democracia es la libertad.
Sin duda alguna, uno de los elementos básicos a la hora de mejorar el
interés político o la participacion ciudadana es la existencia de
políticos que dignifiquen y demuestren la importancia y la bondad de la
política. Una de las razones prinicipales que ajejan al ciudadano medio
de esta actividad es la creencia -fundada o no- de que la política
alberga malas personalidades.
Esta situación no es menos alarmante que el analfabetismo político. De
ser ciertas las creencias, indicaría que los políticos no están
asumiendo las responsabilidades de sus funciones y sus tareas. En
segundo término, indicaría que hubo un mal manejo del sistema
democrático -de los mecanismos de control- desde un comienzo, que
habría permitido llegar a la situación actual. En tercer lugar, se
manifiesta nuevamente una incapacidad por parte del pueblo en la toma
de decisiones.
Con todo esto, también es prudente aseverar que una parte de la
responsabilidad recae también en las instituciones educativas, que son
las que dan forma a la ideología del individuo, tanto las primarias
(como la familia) como las secundarias (como la escuela.) Si las
instituciones educativas promocionaran la participación, puede que
definitivamente se solucione la falta de compromiso.
En definitiva, la falta de compromiso e interés político es un hecho,
causada por distintos elementos, y en donde las formas de solucionar la
situación son diversas. Fundamentalmente, son distintas fallas del
sistema democrático las que alejan definitivamente a la ciudadanía de
la política.
No obstante, es la ciudadanía quien deberá asumir la responsabilidad de
trabajar para revertir la aplastante situación. Es ésta la única que
legítimamente puede hacerlo, y debe hacerse por el bien de las
generaciones venideras.
Resulta imprescindible demostrar los beneficios de las actividades
políticas y de la filosofía, así como de las demás ciencias. Sólo las
ciencias conducen a la razón, y sólo la razón y el buen juicio conducen
a la ética y la justicia, fundamentales en cualquier Estado.
Referencias:
1 Bertolt Brecht
2 Jóvenes que No saben/No contestan, Plaza Pública, Clarín Blogs.
3 Pierre Joseph Proudhon, Oeuvres complètes.
4 Charles Péguy, Memoirs et dossiers.