Este es un ensayo que intenté escribir para responder a este interrogante.
Fue escrito con anterioridad a las Elecciones Presidenciales de este año, de forma que su comienzo hace referencia a esta fecha.
Como siempre, espero que sea agradable su lectura, y estoy abierto a críticas, reflexiones y sugerencias.
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Sin más, transcribo el texto.

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Ante la inminente llegada de las elecciones, una incertidumbre que surge en distintos estratos de la sociedad es cuál es el grado de interés político por parte de la población. Se entiende por interés político a la inclinación hacia participar en la política o en los asuntos relacionados con ésta. Un ejemplo que se ajusta con esta temporada de elecciones podría ser, detenerse a pensar a qué candidato se prefiere y cuáles son los motivos por los cuales se lo prefiere. Hallar similitudes y diferencias entre las distintas ofertas y discriminar los puntos a favor y en contra también son parte de este proceso.
Existe una gran cantidad de visiones respecto a este tema: los más liberales argumentan que el pueblo está listo para tomar decisiones. Los partidarios de otras formas de gobierno como la monarquía o aquellos críticos de política muchas veces afirman que el pueblo no cuenta con las herramientas necesarias para gobernarse por sí mismo. Se entiende por pueblo al conjunto de la ciudadanía.
Sin embargo, en la mayoría de los casos estas posturas, al igual que los argumentos que las sustentan, surgen de las diferentes ideologías políticas y más precisamente, de los distintos modelos de gobierno. No obstante, este debate excedería las posibilidades de este texto.
Distintas personas a quienes consulté dos días antes de las elecciones, afirmaron tener pensado a quién votar además de que dijeron pensar, reflexionar o meditar sobre política.
¿Entonces encontramos una contradicción entre los hechos y todas estas posturas de oposición? Puede que haya estado sesgada la muestra o que qui?as que estemos en presencia de un sistema que haga creer a su población que participa cuando realmente no lo hace. Otra posiblidad es que estos resultados sean fiables, aunque otros elementos parecieran mostrar lo contrario y que sean estos elementos los que se han malinterpretado.
Son muchos los políticos, por muchos considerados impoprtantes y respetables, que han criticado a la democracia, aunque en ciertos casos se han demostrado claramente a favor. Por ejemplo, el ex primer ministro inglés, Winston Churchill, quien la definió como “la necesidad de doblegarse, de vez en cuando, a las opiniones de los demás.” Asimismo, fue él quien alguna vez dijo “el mejor argumento en contra de la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio.”, pero también fue él quien concluyó que “la democracia es el menos malo de los sistemas políticos.”
Alexander Hamilton ha dicho “Si nos inclinamos demasiado hacia la democracia, pronto caeremos en la monarquía.”
Todas estas críticas se refieren a las democracias indirectas o representativas. Para hacer un análisis más profundo debemos partir del pueblo, de donde surge el poder político.
El Gobierno por naturaleza va a intentar ejercer control sobre la población. Históricamente esa autoridad que tuvo poder sobre la población que representa no fue elegido por el consenso, sino que en general fueron impuestos coercitivamente, o por mecanismos de herencia. De ahí se deduce que el poder político era propiedad de una elite y la única forma de acceder a él era, o bien por la fuerza o bien cuando esta elite lo permitía.
Esta Elite fue transformándose, pero estuvo presente en todos los tiempos. En la Edad Media fueron los nobles y los señores feudales, en la Edad Moderna fueron los burgueses (y nobles en algunos casos), en la Edad Contemporánea se dice que son los que acumulan un mayor capital. En Roma fueron los patricios.
Va a ser la Elite quien más se beneficie del poder político, porque corre con una ventaja sobre las demás personas y en muchos casos lo influenciará en su propio beneficio.
Paralelamente, la población, más allá de algunas revoluciones y rebeliones en masa, tiende a aceptar al Gobierno, según expertos, ya que posiblemente crea que es la mejor forma de organizar al Estado. Esto se explica porque la población busca beneficiarse y busca su bienestar. De esta manera, no querrá perjudicar al Gobierno puesto que siente que podría ser perjudicial para el Estado.
Debido a algunas rebeliones, principalmente en las zonas colonizadas de América, aunque también en Europa, y sustendadas en una nueva ideología, se dio comienzo a un proceso de democratización, o una masificación del poder y la política. En adelante, las muchedumbres participarían de las cuestiones de gobierno. Este proceso se inició con la Independencia de los Estados Unidos.
Según algunos expertos, que las masas participen de estas cuestiones de gobierno es inaceptable. De hecho, una de las críticas más fuertes a esta democracia es la ignorancia de la población.
Aristóteles definió como oclocracia a una de las formas de degeneración de las formas puras de gobierno, concretamente, la democracia. Etimológicamente, la democracia es el gobierno del pueblo que con la voluntad general legitima al poder estatal, y la oclocracia es el gobierno de la muchedumbre o de la plebe , es decir, de un pueblo que a la hora de abordar asuntos públicos o políticos presenta una voluntad viciada, confusa, injuiciosa o irracional.
De alguna forma se presume que esta muchedumbre es influnciable o irracional. Las grandes masas posiblemente, desde este punto de vista, no estén preparadas para poder ejercer un gobierno sobre sí mismas.
Tal es así que ilustres pensadores como Aristóteles, Pericles, Giovanni Sartori, Juvenal, Shakespeare, Lope de Vega, Ortega y Gasset o Tocqueville han advertido de un permanente peligro para la democracia popular: el interés los oclócratas que ostentan el poder de hacerla degenerar en oclocracia con el objetivo de mantener dicho poder de forma corrupta buscando una ilusoria legitimidad en el sector más ignorante de la sociedad, hacia el cual vuelcan todos sus esfuerzos propagandísticos y manipuladores.
El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.1 Se puede concluir que es el analfabeto político quien realmente muestra desinterés y falta de compromiso. Es él quien hace degenerar al sistema en una oclocracia.
Que la población en general tenga un interés y un conpromiso político asumidos depende directamente de la proporción de analfabetos políticos en la sociedad.
Según una nota2 los jóvenes en Argentina no están interesados por ir a votar, o no saben a quién votar. Según el artículo, sólo el 4,4% sabe qué elige y cuándo. Mucho de este desinterés se atribuye a la poca confiabilidad de lo políticos.
Si monarquía es el martillo que aplasta al pueblo, la democracia es el hacha que lo divide; ambas matan igualmente la libertad. El sufragio universal es una especie de atomismo por el cual, no pudiendo el legislador hacer hablar al pueblo en la unidad de su creencia, invita a los ciudadanos a expresar su opinión por cabezas… Esto es ateísmo político en la significación peor del término, como si de la suma de una cantidad cualquiera de sufragios pudiera resultar jamás un pensamiento general… El medio más seguro de hacer mentir al pueblo es el sufragio universal… el sufragio universal, testimonio de la discordia, sólo puede producir discordia.3
Es probablemente el sistema lo que se está ciriticando, o se dice criticar. Puede que este sea el pretexto para sostenar el desinterés y la falta de compromiso y participación. Son las masas las que deben darse cuenta de que ellas son quienes tienen el poder y que ellas tienen la responsabilidad de mejorar el sistema.
Al usar estos argumentos para justificar el desinterés y la participación se denota entonces que las masas verdaderamente no están preparadas para tener el poder porque ellas son quienes pueden cambiar aquello con lo que no están de acuerdo, y al argumentar el sistema es bueno, en vez de desencadenar en desinterés debería desencadenar en los cambios correspondientes.
Mientras las masas no perciban este detalle, o mientras no se denote en la política este cambio, seguirá no habiendo un grán interés político.
Es innegable que en esta temporada de elecciones los militantes de diversos partidos políticos se manifiestan activos, e intentan convencer a las masas. El inconveniente, desde el punto de vista de la participación es que esta actividad no surge de las masas. Surge desde los partidos políticos hacia las masas- Halagar los vicios del pueblo es aún más cobarde y más sucio que halagar los vicios de los grandes.4
Los partidos políticos originalmente representaban a un sector de la población y defendían ciertos intereses. Los hubo de dos tipos: partidos de notables, que defendían intereses de una minoría, y estaban integrados por notables, es decir personas con cierta relevancia; partidos de masas, que representaban los interses de un importante sector social. Se puede decir que entonces había una mayor participación porque cada sector se organizaba en su partido político.
Hoy en cambio, este sistema ha desencadenado los partidos llamados “atrapatodo”, es decir que en vez de responder a los intereses de un sector en particular, apuntan a la mayoría, al sector más numeroso, a la población en general con el fin de llegar al poder político.
En consecuencia, la representatividad no es tal como fue tiempo atrás sino que algunos sectores no se hayan adecuadamente representados. Este funcionamiento inapropiado del sistema de partidos, se debe a la competencia mutua por el poder político.
Debido a la predominación de los partidos “atrapatodo”, la mayoría de los partidos políticos -o los más importantes- tiene metas y propuestas muy similares, y su vez muy generales que responden a lo que la sociedad demanda con más frencuencia.
En este proceso de transición a los partidos “atrapatodo” las masas que antes eran activas han en su mayoría pasado a formar una posición activa, en donde únicamente escuchan las propuestas ajenas. Esto es lo que se llama la “crisis de representatividad”.
La única solución si quiere inducirse a las masas a participar y se cree que están capacitadas para hacerlo, parece ser la democracia directa (política, económica y social), donde el interés y el compromiso serían una necesidad, porque de no haberlos, la sociedad no podría mantenerse y se derrumbaría.
De alguna forma, mientras unos pueden ser analfabetos políticos, otros pueden seguir interesándose y participando. Al fin y al cabo, siempre fue una minoría quien participó de los asuntos de gobierno, y quizás la situación pueda mantenerse aunque dándole la posibilidad de participar a quien quiera hacerlo. Después de todo, uno de los preceptos de la democracia es la libertad.
Sin duda alguna, uno de los elementos básicos a la hora de mejorar el interés político o la participacion ciudadana es la existencia de políticos que dignifiquen y demuestren la importancia y la bondad de la política. Una de las razones prinicipales que ajejan al ciudadano medio de esta actividad es la creencia -fundada o no- de que la política alberga malas personalidades.
Esta situación no es menos alarmante que el analfabetismo político. De ser ciertas las creencias, indicaría que los políticos no están asumiendo las responsabilidades de sus funciones y sus tareas. En segundo término, indicaría que hubo un mal manejo del sistema democrático -de los mecanismos de control- desde un comienzo, que habría permitido llegar a la situación actual. En tercer lugar, se manifiesta nuevamente una incapacidad por parte del pueblo en la toma de decisiones.
Con todo esto, también es prudente aseverar que una parte de la responsabilidad recae también en las instituciones educativas, que son las que dan forma a la ideología del individuo, tanto las primarias (como la familia) como las secundarias (como la escuela.) Si las instituciones educativas promocionaran la participación, puede que definitivamente se solucione la falta de compromiso.
En definitiva, la falta de compromiso e interés político es un hecho, causada por distintos elementos, y en donde las formas de solucionar la situación son diversas. Fundamentalmente, son distintas fallas del sistema democrático las que alejan definitivamente a la ciudadanía de la política.
No obstante, es la ciudadanía quien deberá asumir la responsabilidad de trabajar para revertir la aplastante situación. Es ésta la única que legítimamente puede hacerlo, y debe hacerse por el bien de las generaciones venideras.
Resulta imprescindible demostrar los beneficios de las actividades políticas y de la filosofía, así como de las demás ciencias. Sólo las ciencias conducen a la razón, y sólo la razón y el buen juicio conducen a la ética y la justicia, fundamentales en cualquier Estado.

Referencias:
1 Bertolt Brecht
2 Jóvenes que No saben/No contestan, Plaza Pública, Clarín Blogs.
3 Pierre Joseph Proudhon, Oeuvres complètes.
4 Charles Péguy, Memoirs et dossiers.